Bajo la máscara

Anna Surinyach y Agus Morales

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Tuvieron miedo, pero nunca abandonaron

Los sanitarios han vivido la pandemia desde la primera línea, han trabajado sin cesar y han sufrido no solo en los puestos de trabajo, también en sus casas junto a sus familiares.

El día que se decretó el estado de alarma en España, la doctora Belen Garcés (quiere que lo escriba sin tilde) supo que la COVID-19 no era una gripe. Salió del hospital por la mañana, después de una guardia nocturna, angustiada por el estado de los pacientes que había tratado en la UCI. El mismo día 14, la enfermera Lourdes Cereceda, que tiene dos hijos, reorganizaba su vida familiar, en medio de la ansiedad provocada por el cambio de protocolos sanitarios. El mismo día 14 de marzo, Noemí Picazo y Gerard Martínez, enfermeros y pareja, intentaban anular las vacaciones que habían planeado a las islas Azores. Empezaba el confinamiento. Para ellos, empezaba el caos. No salen indemnes de esta crisis: salen con heridas imborrables. No fueron héroes. Por suerte para todos, fueron humanos.

Belen Garcés en la UCI

La doctora Belen Garcés, de 34 años, hizo otra guardia en la UCI el domingo 15 de marzo. “Fue una vorágine”, recuerda. Hasta entonces, compatibilizaba su trabajo en el hospital Clínic de Barcelona coordinando la donación de tejidos con algunas guardias en el hospital Germans Trias i Pujol, en Badalona (afueras de Barcelona). Ante la emergencia y la llegada de pacientes, se ofreció a entrar de forma permanente en los turnos de la UCI en el segundo hospital. Belen es intensivista, la doctora está acostumbrada a trabajar con pacientes críticos, durante la pandemia asumió el cargo de adjunta en la UCI principal del hospital Germans Trias i Pujol: asumió, también, una responsabilidad profesional y moral que impregna cada una de sus palabras.

A Belen Garcés se le realiza una PCR en el hospital donde ha trabajado desde el incio de la pandemia. La doctora Garcés empezó a notar síntomas compatibles con la Covid-19 el viernes 17 de abril. El test salió negativo. 21 de abril de 2020.

Belen pasó 10 días aislada, en los que padecía síntomas compatibles con el coronavirus, en la habitación que normalmente comparte con Ángel, su pareja. 29 de mayo de 2020.

Belen examina a un paciente al que se le acaba de realizar una cirugía de corazón. Tras una semana de descanso, la doctora volvió al hospital y se encontró con una situación mucho más controlada. 4 de mayo de 2020.

Primer encuentro en casa de Belen y Ángel, con sus amigos más íntimos. El 25 de mayo Barcelona entró en la fase 1, fase en la que se permitían reuniones de un máximo de días personas. 29 de mayo de 2020.

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Lourdes Cereceda camino a visitar un paciente que todavía es positivo de coronavirus y está en su casa. Cuando los pacientes se encuentran bien y tienen las condiciones necesarias en casa se les deja pasar el último tramo de la enfermedad en el hogar. 8 de mayo de 2020.

Lourdes Cereceda: recuperar a la familia

Lourdes Cereceda trabaja en el servicio de atención domiciliaria del hospital Germans Trias y Pujol. Ha visto cómo poco a poco iban aumentando los pacientes infectados por la COVID-19 y como día a día variaban los protocolos de protección y actuación. “Tanto yo como los compañeros no nos hemos sentido cuidados. Nos hemos sentido como en Chernóbil. Como los primeros que fueron a Chernóbil, a los que les dijeron: “¡Vosotros id! ¡Id, que tenéis que parar todo esto! Pero no os damos nada”. No os damos nada y después que pase lo que tenga que pasar”. Desde el inicio de la pandemia el mayor miedo de Lourdes ha sido llevarse el virus a casa y contagiar a su marido. El marido de la doctora con la que hacía las visitas a domicilio enfermó en los primeros compases de la crisis, así que Lourdes se aisló en casa por precaución y empezó a dormir en la habitación de su hijo mayor. “Cuando empecé a pensar que tenía que venir a casa y no podía tener contacto con mis hijos, que no podía abrazarlos y no podía darles besos…”. El 17 de mayo Lourdes ya no podía aguantar más la situación de aislamiento en su casa, así que cuando vió que la pandemia se estaba controlando pidió vacaciones. Tras 14 días de cuarentena, sin trabajar, pudo volver a tocar a sus hijos y volvió a dormir con su marido.

La enfermera Lourdes Cereceda trabaja en su ordenador en la habitación de su hijo. Lourdes se aisló en su propia casa prácticamente desde el principio de la crisis. 17 de mayo de 2020.

Belen pasó 10 días aislada, en los que padecía síntomas compatibles con el coronavirus, en la habitación que normalmente comparte con Ángel, su pareja. 29 de mayo de 2020.

Lourdes comunica a Just Prats, paciente de COVID-19 que estuvo ingresado en el hospital Germans Trias y Pujol, que su prueba ha dado negativo. Ya no tiene la enfermedad. Sin embargo, le hacen un segundo test para estar seguros. 8 de mayo de 2020.

Lourdes celebra con sus hijos la vuelta a la normalidad. Después de los 14 días aislada tras cogerse vacaciones la enfermera pudo volver a comer, tocar y abrazar a sus hijos y a su marido. 16 de junio de 2020.

Noemí Picazo y Gerard Martínez: reivindicación de la enfermería

Noemí y Gerard son pareja y enfermeros, ambos trabajan en el Hospital Germans Trias y Pujol. El 15 de marzo, esta pareja de enfermeros de 26 y 27 años —también intensivistas, como Belen Garcés— tenía previsto irse de vacaciones a las islas Azores. Lo habían planeado con tiempo. Tuvieron que suspenderlas y llamaron al hospital para ofrecerse a trabajar. Al final tardaron una semana en volver: cuando lo hicieron, el 23 de marzo, “ya estaba todo lleno”, dice Gerard.

—No había ningún control, era una situación desbordante, a nivel de médicos, de material... La gente no estaba acostumbrada —dice Noemí—. La sensación era de supervivencia. Les pregunto por los aplausos de las ocho. Por la reacción social. Por cómo se sienten. ¿Sois héroes? —No somos héroes —dice él—. Hacemos lo que hasta ahora estabámos haciendo. Con más presión, con los sentimientos a flor de piel, con las familias, con todo el contexto social… Pero estamos haciendo nuestro trabajo. Necesitamos que la gente recuerde lo que ha pasado.

La ventaja de compartir trabajo —ella casi siempre está en la UCI principal, él está en una u otra según el día— es que no tiene sentido que se aíslen. Se apoyan, se comprenden y, cuando pueden, se relajan en casa. La serie que más han visto durante la pandemia es Hijos de la anarquía. —Momentos de desconexión total —dice él.

Noemí y Gerard, enfermeros intensivistas del Hospital Germans Trias y Pujol, salen del hospital a las 22:45 tras su turno de tarde. Llevan más de un mes y medio atendiendo a pacientes con COVID-19. 4 de mayo de 2020.

Noemí y Gerard descansan durante uno de los pocos días libres que han tenido durante la pandemia. Para desconectar han elegido ver Hijos de la anarquía. 18 de abril de 2020.

Gerard y Noemí son los últimos en salir del box de la UCI esta noche. Ella ha estado más de siete horas enfundada en el traje de protección tratando a pacientes en estado crítico. 4 de mayo de 2020.

La madre de Gerard es asistente de enfermería en el Hospital Germans Trias i Pujol, pero está de baja. Sus padres están preocupados por los riesgos y el cansancio que acumula la pareja. 18 de abril de 2020.

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La pareja celebra el cumpleaños de Miguel, el padre de Gerard Martínez. Tras meses sin verse, por fin pueden compartir una comida en familia. 31 de mayo de 2020.

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