Los cuidados

Cuando nadie debe de quedar atrás

Judith Prat

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La crisis sanitaria del covid-19 trajo el confinamiento y la incertidumbre

Situaciones que pusieron a prueba nuestra capacidad como sociedad para cuidar, proteger y acompañar a quienes lo necesitan.

De repente se revelaba con claridad la importancia de los cuidados y del apoyo de la comunidad en nuestra sociedad. Mas allá de la emergencia vivida en las UCIS de los hospitales, el confinamiento venía a imponer realidades muy distintas en cada hogar y la necesidad de dar respuesta a algunas situaciones especialmente difíciles ¿Quien iba a atender a las personas mayores que vivían solas y tenían que permanecer encerradas en sus casas? ¿Dónde puede confinarse quien no la tiene? Son algunas de las preguntas a las que debíamos dar respuesta, más allá de nuestras preocupaciones individuales.

Voluntarios de Cruz Roja trasladan a un hombre que ha dado positivo en Covid19 a una de las residencias habilitadas en Aragón para atender a las personas mayores con coronavirus. Marcos es quien está junto a él durante todo el trayecto y ha tenido que vestirse con el equipo de protección y seguir todos los protocolos de seguridad.

Andrea es enfermera y visita a Juliana para hacerle una cura. Desde el Centro de salud Arrabal se intenta atender a todas las personas mayores en su domicilio para que no tengan que salir de casa y exponerse a posibles contagios.

José María vive desde hace dos años en una caseta de obras abandonada en las afueras de Zaragoza. No tiene trabajo ni cobra ninguna prestación y estos días de confinamiento están siendo especialmente difíciles pues se hace imposible conseguir el sustento básico. Voluntarios de Cruz Roja le visitan a diario para llevarle comida y medicinas. 

Cornel no tiene casa, vive en su viejo coche. Durante el confinamiento voluntarios de Cruz Roja le visitan, llevándole comida y comprobando que se encuentra bien de salud ya que sobrevivir sin tener garantizados unos mínimos vitales se torna prácticamente imposible en estos días. 

La dimensión de las tareas de cuidados, generalmente sumergidas, feminizadas y precarizadas ha cobrado una especial relevancia. Los indicadores de bienestar y desarrollo, por unos días, pusieron la vida en el centro dejando atrás la macroeconomía. Y la protección del más débil puso en tela de juicio los cimientos de una sociedad que prima al más fuerte.

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Valentina visita a su abuela después de más de dos meses sin verla debido al confinamiento. Desde la fase1 ya son posibles los desplazamientos dentro de la provincia y por fin sus padres la han llevado a Altorricón a ver a su abuela, pero le han advertido de que tiene que llevar mascarilla y no puede tocarla. 

Teresa, Isabel, Alicia y Marina, enfermeras del Centro de Salud Arrabal visitan a los pacientes de las diferentes residencias de personas mayores de su zona. En las bolsas llevan los EPI y todo el material de protección necesario para atender a las personas con coronavirus.

Mariano de 91 años y su cuidadora Pilar charlan animadamente mientras en la televisión la portavoz del Gobierno informa sobre la crisis sanitaria.  Mariano  vive solo desde que su mujer y su hija fallecieron y Pilar, trabajadora del servicio de ayuda a domicilio de la Comarca Campo de Cariñena,  es su único contacto con el mundo exterior desde que se decretó el estado de alarma y debe permanecer confinado.

Las redes de cooperación y solidaridad social cobraron protagonismo y los recursos sociales fueron sacudiéndose el abandono al que habían sido sometidos en muchas ocasiones.

Un anciano con covid-19 es trasladado al hospital de Huesca. En Aragón las hospitalizaciones por Covid19 han azotado especialmente a la población de mayor edad y más del 75% de quienes han requerido atención hospitalaria superaban la barrera de los 60 años.

Durante mi trabajo diario documentando la pandemia quise poner el foco en quienes se encontraban en una situación de mayor vulnerabilidad y explorar si como sociedad éramos capaces que superar esta crisis sin dejar a nadie atrás.

Al mismo tiempo fui descubriendo profesionales que más allá de su trabajo eran capaces de asumir la responsabilidad de aportar su mejor y mayor dedicación a quienes mas lo necesitaban.

En definitiva esta serie fotográfica se centra en esos esfuerzos colectivos y los compromisos individuales para llegar a quienes sufrieron el confinamiento en soledad y situación de vulnerabilidad.
Durante mi trabajo diario documentando la pandemia quise poner el foco en quienes se encontraban en una situación de mayor vulnerabilidad y explorar si como sociedad éramos capaces que superar esta crisis sin dejar a nadie atrás. Al mismo tiempo fui descubriendo profesionales que más allá de su trabajo eran capaces de asumir la responsabilidad de aportar su mejor y mayor dedicación a quienes más lo necesitaban.
Florin, Christian y Jon juegan al Rummykub mientras permanecen confinados en el Pabellón deportivo Tenerías habilitado por el Ayuntamiento de Zaragoza para acoger a las personas sin alojamiento en la ciudad durante el estado de alarma.
Vanesa es auxiliar del servicio de ayuda a domicilio de la comarca de Cariñena y atiende a Fina que tuvo un accidente doméstico durante el confinamiento y deberá permanecer inmovilizada 6 semanas. Los cuidados de Vanesa son vitales para ella y su trabajo, que siempre ha sido esencial, se nos revela en estos tiempos como imprescindible.
Luis celebra eufórico la superación de la enfermedad en el interior de la ambulancia que le llevará de vuelta a su residencia de Épila (Zaragoza). Ha pasado las últimas dos semanas en el centro habilitado en Yéqueda (Huesca) para atender a personas mayores con coronavirus.

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