Los invisibles de la pandemia

Javier Fergo

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Sin comida, casa o trabajo: Migrantes al límite en Andalucía durante el Estado de Alarma

Un hecho tolerado por sucesivos gobiernos que la pandemia se ha puesto de manifiesto de la peor manera, desde Almería a Huelva, pasando por Granada: Comunidades de inmigrantes que subsisten de manera precaria con la llamada economía sumergida como única opción de vida, se han enfrentado a la imposibilidad de búsqueda de jornales o modos de subsistir y, en consecuencia, a la falta de alimento.

El gobierno de España reaccionó a la escasez de mano de obra en el sector primario ofreciendo permisos de residencia y trabajo a jóvenes extranjeros. Cuando los campos de Almería y Huelva, entre otros, llevan siendo cultivados por mano de obra inmigrante, muchos de manera irregular, desde hace décadas.

Un operario de la ONG Médicos del Mundo comprueba la temperatura de un trabajador migrante en un asentamiento chabolista en Níjar, Almería.

Kwesi Baah, de 32 años, posa para un retrato sentado sobre su cama. Llegó a España en Patera y tras un accidente en 2014 no puede trabajar. Convive con otras ocho personas migradas en una casa abandonada a las afueras de San Isidro, Almería.

Habitantes de un asentamiento chabolista en Lepe, Huelva, recogen agua de un camión cisterna. La distribución de agua potable en asentamientos fue una medida de urgencia durante el confinamiento proporcionada por una ONG local, ASNUCI.

Llegó a España en Patera y tras un accidente en 2014 no puede trabajar. Convive con otras ocho personas migradas en una casa abandonada a las afueras de San Isidro, Almería.

Las medidas que España históricamente ha tomado con respecto a la inmigración han sido de control y endurecimiento de políticas para que resulte difícil llevar a cabo el trámite de regularización. Sin embargo, mira hacia otro lado en estos lugares; quizás porque suponen un revulsivo para la economía de esas zonas.

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Un trabajador africano anda en un asentamiento de Lepe, Huelva, donde se estima que más de 1200 personas viven en chabolas.

Una temporera de origen marroquí recoge fresas en una finca cercana a Lepe, Huelva.

Temporeros subsaharianos y marroquíes recogen fresas en una finca cercana a Lepe, Huelva.

Como ejemplo, el caso de Almería: siendo una zona muy deprimida a mediados del siglo pasado, a partir de la década de los años sesenta se comienza a instaurar el cultivo intensivo bajo abrigo. Lo cual requiere de mano de obra externa ante el veloz crecimiento de esta modalidad de cultivo en la zona, esa mano de obra llega primero de provincias cercanas, pero el plástico sigue expandiéndose y requiere de más temporeros. En los años 90 esta mano de obra viene en forma de inmigrantes irregulares, principalmente de países del Magreb y otras nacionalidades africanas atraídos por la abundancia de trabajo y los pocos escrúpulos de algunos empresarios al ofrecerles empleo no regulado: que supone un menor coste para la empresa, aumentando así el beneficio. Este auge en la llegada de temporeros inmigrantes irregulares coincide en el tiempo con la primera crisis migratoria en la conocida como ruta del Mediterráneo occidental, el Estrecho de Gibraltar, en los años 90.

En aquellos años se comenzaba a dibujar la realidad que viven los trabajadores inmigrantes en situación irregular: una severa exclusión social y racismo, mientras se les exigía trabajar en condiciones de casi-esclavitud y abocados a vivir en asentamientos chabolistas repartidos por la provincia.


En aquellos años se comenzaba a dibujar la realidad que viven los trabajadores inmigrantes en situación irregular: una severa exclusión social y racismo, mientras se les exigía trabajar en condiciones de casi-esclavitud y abocados a vivir en asentamientos chabolistas repartidos por la provincia.


A día de hoy, se estima que un colectivo de 6,000 inmigrantes en Almería y más de 3,000 en Huelva, viven en chabolas insalubres, sin agua, electricidad y, ahora, tampoco alimento.


Una situación similar experimenta la comunidad gitano-rumana: un gran número vive de la mendicidad, la recogida de chatarra o consigue jornales esporádicos en el campo. A causa de las medidas extraordinarias adoptadas por el gobierno ante la pandemia se han sumido en la pobreza más cruda.

Felicia Vanjo, de 55 años y original de Rumanía, en la entrada a su chabola situada en un polígono industrial en Granada.

Una familia romaní de origen rumano atiende instrucciones de voluntarios de Médicos del Mundo sobre prevención del COVID_19 en la puerta de su hogar en el barrio de La Chana en Granada.

Radu Rostas, rumano de 54 años, muestra sus medicamentos a miembros de Médicos del Mundo en su chabola en Granada.

Hassana es de origen marroquí y vive junto a su pareja en una vivienda social en Jerez, Cádiz. Su pareja dio positivo por COVID_19 en un test y desde entonces sufren amenazas y exclusión por parte de sus vecinos. Sobreviven gracias a la ayuda de Cáritas.

Un migrante de origen rumano duerme en la callen en Almería capital tras el cierre del albergue municipal por completar el cupo.

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